Consistencia
Se comparan relato, cronología, historia clínica, tratamientos, conducta observada, tests y funcionamiento real.
Simulación - Exageración - Consistencia clínica
La simulación no debe presumirse. Debe surgir de un análisis técnico, fundado y prudente de inconsistencias clínicas, documentales y psicodiagnósticas, integrando relato, conducta observada, personalidad de base, antecedentes, magnitud del hecho, tratamiento y repercusión funcional.
Se comparan relato, cronología, historia clínica, tratamientos, conducta observada, tests y funcionamiento real.
Debe distinguirse simulación, exageración sintomática, sufrimiento real, reacción esperable y daño psíquico incapacitante.
Las inconsistencias pueden afectar diagnóstico, nexo causal, magnitud del daño, incapacidad y credibilidad del dictamen.
En pericias psicológicas por daño psíquico, la simulación y la exageración sintomática deben analizarse con prudencia. El objetivo no es desacreditar automáticamente al examinado, sino determinar si el cuadro referido tiene entidad clínica, persistencia, repercusión funcional y relación razonable con el hecho denunciado.
El tema se vincula con psicodiagnóstico, personalidad de base, antecedentes, nexo causal psíquico, RVAN e incapacidad psíquica.
La simulación implica la producción o presentación deliberada de síntomas inexistentes o falsos con una finalidad determinada. En medicina legal, esa finalidad puede relacionarse con un reclamo judicial, económico, laboral o previsional, pero la existencia de un reclamo no prueba simulación.
La simulación debe surgir de un análisis técnico de inconsistencias significativas, persistentes y no explicadas clínicamente. No alcanza una sospecha general, una impresión subjetiva o una inconsistencia aislada.
La exageración sintomática es la amplificación de síntomas reales o parcialmente reales. Se diferencia de la simulación porque puede existir sufrimiento genuino, aunque la intensidad, extensión o repercusión funcional se presenten sobredimensionadas.
Una persona puede presentar síntomas reales y, al mismo tiempo, exagerar su intensidad o sus limitaciones. Por eso el dictamen debe diferenciar simulación, exageración y daño psíquico real.
El daño psíquico real requiere un cuadro clínico con entidad, persistencia, repercusión funcional y nexo causal. La exageración puede coexistir con síntomas reales. La simulación supone la presentación deliberada de síntomas inexistentes o falsos.
No toda inconsistencia implica simulación. Puede deberse a ansiedad, dificultades de comprensión, fatiga, bajo nivel cultural, trastornos previos, mala técnica evaluativa o interpretación incorrecta del test. Cuando las inconsistencias son significativas, persistentes y no explicadas clínicamente, deben ser consideradas en la valoración médico-legal.
La simulación o exageración puede afectar diagnóstico, nexo causal, magnitud del daño, repercusión funcional, porcentaje de incapacidad, necesidad de tratamiento, credibilidad del relato y consistencia del dictamen pericial.
Por eso, las conclusiones sobre simulación o sobredimensionamiento deben estar fundadas en datos verificables: entrevista, psicodiagnóstico, documentación clínica, conducta observada, antecedentes, tratamiento y funcionamiento cotidiano.
El relato del examinado es importante, pero no alcanza por sí solo para establecer daño psíquico incapacitante. Debe analizarse coherencia interna, cronología de síntomas, relación con el hecho denunciado, congruencia con historia clínica, congruencia con tratamientos realizados, conducta observada durante la entrevista, funcionamiento laboral y social, evolución del cuadro y contradicciones relevantes.
La entrevista pericial debe explorar síntomas actuales, antecedentes, tratamientos, vida cotidiana, examen psíquico y consistencia clínica, siempre en relación con la documentación disponible.
El psicodiagnóstico debe valorar pruebas administradas, indicadores de ansiedad, indicadores depresivos, indicadores traumáticos, escalas de validez, consistencia entre tests, coherencia con la entrevista clínica, personalidad de base, indicadores de sobredimensionamiento e indicadores de simulación.
No debe limitarse a reproducir síntomas referidos. Debe integrar entrevista, tests, antecedentes, conducta observada y documentación para determinar si el cuadro tiene entidad clínica y si guarda relación razonable con el hecho.
Entre los indicadores a revisar se encuentran síntomas desproporcionados frente al hecho, relato cambiante, contradicciones entre entrevista y documentación, tests psicológicos inconsistentes, rendimiento funcional mejor que el referido, ausencia de tratamiento pese a síntomas graves, síntomas atípicos o excesivamente amplios, falta de correlación entre daño físico y daño psíquico, discordancia entre conducta observada y relato, y agravación progresiva sin explicación clínica.
Estos indicadores deben describirse y fundamentarse. No alcanza con afirmar genéricamente que el examinado simula o exagera.
Los rasgos de personalidad pueden influir en la forma de presentar síntomas, pero no equivalen automáticamente a simulación. Deben analizarse rasgos histriónicos, dependientes o evitativos, mecanismos defensivos, vulnerabilidad previa, antecedentes emocionales, estilo de afrontamiento, estabilidad previa y funcionamiento laboral anterior.
La guía sobre personalidad de base en daño psíquico amplía cómo diferenciar predisposición, agravamiento, concausalidad y factores ajenos al hecho.
Deben revisarse tratamientos previos, medicación psicofarmacológica, licencias por salud mental, diagnósticos anteriores, internaciones, consumo problemático de sustancias, conflictos previos y eventos traumáticos anteriores.
Los antecedentes pueden explicar síntomas actuales, actuar como concausa o modificar la atribución causal del daño. Su omisión puede llevar a atribuir al hecho síntomas que ya existían o que responden a otros factores.
La ganancia secundaria debe tratarse con prudencia. La existencia de un reclamo judicial, económico o laboral no prueba simulación, pero puede formar parte del análisis de consistencia cuando se asocia a indicadores clínicos objetivos.
Deben valorarse contexto litigioso, beneficio económico posible, evitación laboral, conflicto laboral previo, contradicciones relevantes, conducta funcional observada, consistencia del psicodiagnóstico y documentación clínica.
Debe analizarse si existe proporcionalidad razonable entre gravedad del accidente, riesgo vital, secuelas físicas, dolor persistente, cirugías, limitación funcional, incapacidad laboral, impacto social y síntomas psíquicos referidos.
La magnitud del hecho no determina automáticamente daño psíquico, pero ayuda a valorar la razonabilidad clínica de los síntomas. Este análisis se relaciona con la RVAN y con la repercusión de las secuelas físicas.
Cuando existen inconsistencias significativas, el nexo causal psíquico debe ser analizado con mayor rigor técnico. Deben integrarse hecho denunciado, magnitud del siniestro, secuelas físicas, cronología de síntomas, psicodiagnóstico, consistencia del relato, antecedentes, personalidad de base, tratamiento, factores extralaborales y repercusión funcional.
La conclusión debe explicar si el cuadro se atribuye al hecho, si existe concausalidad, si predomina una causa ajena o si las inconsistencias impiden fundar el nexo de manera suficiente.
La incapacidad psíquica no debe fijarse sobre síntomas inconsistentes, exagerados o no corroborados por evaluación técnica suficiente. Requiere cuadro clínico definido, persistencia, tratamiento, repercusión funcional, coherencia psicodiagnóstica, nexo causal y exclusión o ponderación de simulación, exageración y causas alternativas.
Cuando corresponde aplicar porcentaje, deben justificarse el diagnóstico, la repercusión funcional y el baremo. Para el ámbito laboral puede consultarse Baremo SRT 549/2025.
Clínica, psicodiagnóstico, nexo causal, tratamiento, incapacidad y valoración médico-legal.
Entrevista, pruebas psicológicas, consistencia, personalidad de base, simulación y relación causal.
Hecho traumático, magnitud, cronología, antecedentes, evolución, tratamiento y repercusión funcional.
Antecedentes, vulnerabilidad previa, predisposición, agravamiento, concausalidad y factores ajenos.
Reacción vivencial anormal neurótica, magnitud del siniestro, secuelas físicas, grados e incapacidad.
Frecuencia, duración, medicación, respuesta terapéutica, pronóstico y necesidad de tratamiento futuro.
Diagnóstico, repercusión funcional, consolidación, baremo y nexo causal.
Historia clínica, examen psíquico, relato, consistencia y correlación documental.
Errores técnicos, omisiones, simulación mal fundada, nexo causal insuficiente y observaciones.
Revisión crítica de dictámenes, omisiones, errores técnicos y fundamentos insuficientes.
Análisis técnico de incapacidad, nexo causal, documentación, baremo y conclusiones periciales.
Consulta profesional sobre daño psíquico, RVAN, incapacidad laboral o revisión de pericias psicológicas.
Es la producción o presentación deliberada de síntomas inexistentes o falsos con una finalidad determinada. No debe presumirse sin fundamento técnico.
La simulación implica síntomas inexistentes o falsos; la exageración sintomática es la amplificación de síntomas reales o parcialmente reales.
No. Puede deberse a ansiedad, dificultades de comprensión, fatiga, bajo nivel cultural, trastornos previos, técnica evaluativa deficiente o interpretación incorrecta.
Debe integrar entrevista, tests, escalas de validez, antecedentes, conducta observada y documentación para valorar consistencia clínica.
Son discordancias relevantes entre síntomas referidos, relato, pruebas psicológicas, historia clínica, tratamiento, conducta observada y funcionamiento real.
Los rasgos de personalidad pueden influir en la forma de presentar síntomas, pero no equivalen automáticamente a simulación.
Cuando hay inconsistencias significativas, el nexo causal psíquico debe analizarse con mayor rigor antes de atribuir el cuadro al hecho denunciado.
No debería fijarse sobre síntomas inconsistentes, exagerados o no corroborados por evaluación técnica suficiente.
La valoración médico-legal de la simulación o exageración sintomática requiere analizar el relato, el psicodiagnóstico, la conducta observada, la personalidad de base, los antecedentes, la magnitud del hecho, la documentación clínica, el tratamiento realizado y la repercusión funcional. Un análisis técnico permite determinar si el daño psíquico y la incapacidad se encuentran correctamente fundamentados.
Para revisar un caso concreto puede consultarse el servicio de pericias médicas laborales, la guía de impugnación de pericia psicológica o el formulario de contacto.